Mostrando entradas con la etiqueta argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta argentina. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de septiembre de 2012

Diferentes historias, pero con una misma presión




Siendo, ahora mismo, la 1:00 am (Madrid + 2:00 GTM) del 1º de Octubre y con exactas 24hs de reflexión post-partido, creo que hay muchas lecturas que se pueden sacar del frío 54-15 que ayer dejo el marcador del estadio único tras los 80 min de test-match. La primera y mas clara es que Nueva Zelanda es un mas justo campeón de esta primera edición del nuevo “Rugby Championship”. Resulta completamente envidiable el hambre de títulos que siguen teniendo los All Blacks cada vez enfrenta cada uno de los test-match que el calendario les pone delante. La combinación optima de técnica y rigor físico que proponen los hombres de negro suele resultar demasiado contundente para cualquiera que decida enfrentarlos bajo las reglas del Rugby Union. Suyos son los récords de regularidad y de títulos globales en todas las modalidades que el Rugby moderno puede ofrecer. Pero esta claro que vivir al limite de la estadística y los récords pasa factura, y sino hablen con Sergei Bubka a ver que les cuenta. Yo creo que existe una segunda y mucho mas interesante lectura del partido de anoche. Lo que se vivió ayer en el estadio de la plata, a mi entender, fue un choque brutal de presiones históricas de ambos equipos. Esta claro que sobre el papel hablamos de historias y realidades diferentes, pero si buscamos un nexo de conexión entre esas historias y realidades asimétricas, yo creo que la presión que vive y soporta cada equipo es un punto sobre el que debemos detenernos y reflexionar. 

Exactamente veinticuatro años le tomo a NZ revalidar su condición de favorito mundial en la elite del deporte ovalado. Veinticuatro años donde a pesar de arrasar con las competiciones y las giras anuales, los mundiales se les resistían de cuatro en cuatro y la tras cada fracaso la presión aumentaba en los siguientes 4 años de preparación. Para cualquiera que pueda entender la presión que suponen esos 24 años para una nación que respira Rugby en cada uno de sus alvéolos, le resultara entendible ver como el equipo neocelandés intenta arrasar a su rival en cada partido que disputa. Es algo completamente lógico y por supuesto producto de esa presión por tener que revalidar en cada partido esa inusual condición de favorito. Digo inusual, por que para cualquier otro deporte igual resulta raro que el favorito mundial sea el que, hasta hace muy poco, menos coronas mundiales ostentaba. Recuerdo la edición 2008 del antiguo torneo de las tres naciones donde el actual campeón mundial, Sudáfrica, doblego a los All Blacks en todos y cada uno de los partidos del torneo y finalmente se alzo con el titulo del hemisferio. En ese momento Sudáfrica era bicampeon mundial y así y todo la prensa seguía hablando de Nueva Zelanda como principal favoritos para llevarse ese torneo. Era algo increíble, y que yo al menos no he visto en ningún otro deporte. Empezó el torneo, y partido tras partido, la presión no era para el bicampeon mundial sino para los probres All Blacks a los que les exigía derrotar a Sudáfrica para evitar el papelón internacional. Esta claro que lidiar con esa presión ha hecho de Nueva Zelanda el gran equipo que es hoy; pero aun quitandose la espina de segundo mundial en 2011 los All Blacks no pueden descansar. Siguen peleando contra una presión que les exige partido a partido intentar coronar una cima falsa que año tras años crece un poco mas. 

¿Y que tendrá que ver todo esto con Los pumas?¿Como se puede comparar la presión de los ultra-favoritos All Blacks, con la de un debutante como la Argentina? Yo creo que si analizamos el camino de Los Pumas hasta este debut histórico en el Rugby Championship podemos encontrar una similitud muy importante en el papel de la presión sobre los resultados deportivos. A Nueva Zelanda le costo veinticuatro años revalidar su corona mundial de 1987. A la Argentina le tomo la mitad de esos años tan solo lograr clasificarse para disputar por primera vez una segunda ronda de un mundial (1999). Ocho años mas tarde, en 2007, asombro al mundo del rugby con un tercer puesto completamente inesperado, y que le permite pasar a formar parte del top ten mundial de equipos. Recién cinco años mas tarde de esa hazaña consigue una invitación formal para disputar por primera vez en su historia un torneo anual con las principales potencias de su hemisferio. En total son veinticinco años de esfuerzos y resultados deportivos que le permitieron alcanzar la cima de su particular montaña. 

En esos veinticinco años, la historia de la presión por los resultados deportivos, en escénica, no dista mucho de la que sufrieron los All Blacks antes de consagrarse campeones mundiales en 2011. Esta claro que en ambos casos los objetivos son completamente diferentes, por un lado estamos hablando de consagrarse bicampeon mundial y por el otro de simplemente conseguir acceder a una dinámica de competencia internacional que permita continuar con el desarrollo y asentamiento del equipo en la elite mundial del rugby. Pero si nos fijamos en lo determinantes que han sido los resultados deportivos para ambos proyectos, podremos ver que la presión por obtenerlos ha sido muy similar en ambos casos. Por un lado tenemos un equipo que salía a la chancha teniendo que revalidar su titulo de favorito mundial; y por el otro tenias un equipo que en cada partido se jugaba sus posibilidades de desarrollo e ingreso en la elite mundial. Si lo simplificas te encuentras con dos equipos obligados a ganar todos sus partidos para mantener vivos sus radicalmente opuestos objetivos. Ya sea para demostrar fortaleza competitiva o para demostrar que se podía competir al nivel de los mejores, cada resultado obtenido afectaba de igual forma a ambos proyectos. Las victorias servían para calmar los reclamos y demostrar fortaleza por un lado, y para aumentar la ilusión y seguir sumando hazañas que demostraran las posibilidades de competir en la elite por el otro. Por contra las derrotas eran sobredimensionadas y enseguida espoleaban todo tipo de dudas y fantasmas sobre la viabilidad de ambos equipos. 

Al igual que el corona mundial obtenida por los All Blacks en 2011, la inclusión de los pumas por primera vez en el Rugby Championship debería suponer en cierto modo la culminación de ambos proyectos. La coronación de la cima por la que tanto lucharon ambos equipos. Pero en cierto modo, la presión es lo que da sentido a la competencia y desgraciadamente muta tan rápido que muchas veces, logros tan importantes como los que mencionaba antes se vuelven efímeros ante los nuevos retos que aparecen el el horizonte de ambos proyectos. Volvemos a la idea de la falsa cumbre, que es imposible de coronar. 

Para los Pumas la tan ansiada participación en el Rugby Championship es una realidad mas que asentada, y a pesar de que costo veinticinco años de esfuerzos y buenos resultados, a día de hoy vuelve a ser insuficiente. A día de hoy, la presión a mutado y lo que manda hoy es perseguir el nuevo objetivo de la primera victoria y por supuesto es algo de lo mas bueno y saludable. De nada servirán los esfuerzos pasado si solo nos regodeamos en lo obtenido y se aceptan derrotas como dignas. La presión por el nuevo objetivo es lo que nos llevara a esforzarnos mas, a jugar distinto, a ir mas allá de lo que ya hemos ido y seguir dispuestos a cambiarlo todo por un poco mas. 

En el partido del Sábado, por unos minutos los pumas rozaron una nueva hazaña. Por unos minutos golpearon primero al campeón y se vieron dispuestos a pelear de igual a igual un partido por el que había luchado mucho por poder disputar. Pero enfrente había un equipo tan hambriento de presión como ellos, y que después oler la sangre del primer try de landajo no dudo ni un segundo en ir a luchar por revalidar su titulo. Una lucha de igual a igual por presiones y ambiciones que solo durante 80 minutos pudo igualar dos realidades completamente distintas. 

A mi entender los 54 puntos que ayer encajo Argentina es lo mas positivo que este Rugby Championship ha podido aportar a los Pumas. Ayer, por primera vez ser vio el fruto de la nueva mutación de la presión, y la nueva cima que hay que coronar.  Ayer se vio a un equipo argentino que lo arriesgo todo para ganar de una forma que aun no ganado a nadie todavía. Se vio a un equipo que por momentos se olvido de que enfrente tenia a los All Blacks, y que se olvido de que cada error se factura en puntos en contra. Se vio a un equipo que quería ganar jugando y no con los errores que cometiera el rival. Se vio un cambio de chip bestial en la forma de encarar los partidos, y que es meritoria en todo sentido. Por supuesto que hay que trabajar en los errores y pulir millones de defectos que mostró ayer el equipo, pero para eso es para lo que una competición anual sirve. La nueva presión que encara el equipo es ganar, pero no ganar de cualquier forma y a cualquier precio. Hay que ganar al nivel que exigen las potencias y sobre eso es sobre lo que toca ahora trabajar. Toca aprender de equipos que llevan gestionando esta nueva presión desde hace décadas, y que se juegan nuevos proyectos en cada test y en cada torneo.  

Aunque suene muy raro, yo creo que debemos disfrutemos conscientemente (amargura incluida) de lo que fue la primera gran derrota de este nuevo equipo. Esta mas que claro que si seguimos por este camino, la victoria de este nuevo proyecto es solo una cuestión de tiempo...

viernes, 10 de agosto de 2012

LAS FINALES NO SE JUEGAN, LAS FINALES SE GANAN….


A tan solo 3 días de que terminen estos XXX Juegos Olímpicos de Verano, pocas cosas quedan por definir más que numerosas finales por disputar. En este apartado, la Argentina en particular se encuentra ante dos oportunidades únicas para que sus dos generaciones de deportistas más laureados de su historia (baloncesto masculino y Hockey femenino), conquisten una vez más un triunfo olímpico que los haga perdurar como leyendas del deporte nacional.




Repasando la prensa deportiva de hoy, me he encontrado con esta noticia del diario “La Nación”, en la que se hace un pequeño repaso de lo que supone para el equipo de hockey femenino la final que hoy van a disputar, contra el seleccionado holandés, en búsqueda del oro olímpico.


Sin lugar a duda coincido completamente con lo que dice la ex arquera del equipo femenino de hockey (Las Leonas), Belen Succi, sobre que las finales son un mundo a parte.  A pesar de que a la final se llega pasó a paso, y con un importante componente táctico-estratégico. De nada vale la trayectoria, los partidos previos, la preparación, el doble turno… La final es un cuento completamente a parte. Cualquier deportista puede confirmar que las sensaciones que uno tiene ante una final, no tienen nada que ver con el resto de partidos, combates, encuentros, test-match, que hayan podido diputar antes. En una final, el tiempo y la razón se congelan por que ya no importa como se llego hasta ahí, solo importa ese momento, esa competición final donde se juega lo mejor contra lo mejor. Dan igual los equipos, los antecedentes, las estadísticas. Los dos componentes de una final son siempre lo mejor vs lo mejor. Cada deportista debe realizar una preparación mental especial para poder afrontar lo que en ese momento representa una final para su carrera deportiva. Por supuesto que el grupo existe, y se puede buscar contención en el, pero al final cada individuo deberá preparar cuerpo y su mente, su físico y su espíritu para afrontar el desgaste físico/emocional que supone jugarse el todo por el todo.

Para cualquier deportista, una final representa una dicotomia bestial de sensaciones. Por un lado se encuentra el stress previo con el componente de auto presión que ejerce cada uno consigo mismo por su ansia de competir, y por otro la ansiedad por llegar desahogo final y conocer la alegría más pura o tristeza mas amarga. Desde el minuto uno hasta el minuto final se corre, se pelea, y se sufre por conocer este resultado. Las sensaciones son tan ambiguas que dan paso a una especie de sufrimiento que se disfruta…una tensión brutal pero a la vez necesaria, una suerte de peaje previo que sin duda refleja todas las luces y sombras que la competencia conlleva.  Me resulta muy difícil pensar en una concepción de la competencia que no lleve tatuada esta tensión que regocija.  Este sufrimiento se consume ansioso por que al mismo tiempo que se sufre, también se disfruta de que para competir de verdad hay que poner  todo en juego y hay que obligarse a tomar decisiones irracionales y sobretodo hay que asumir que de la gloria al fracaso tan solo pueden separarte milésimas de segundo, y no hay forma humana de prever o entrenar esa reacción que puede definir el resultado esa fracción de segundo. Por todo esto es que una final es distinta a todo, incluso a otras finales.  La gran cantidad de componentes imprevisibles e irreversibles son los que generan ese ambiente y un contexto único de cada final. En este sentido la preparación mental de un deportista nunca debe encaminarse al ejercicio de prever estos elementos.  Es un completo gasto de energía, ya que como dijimos antes es imposible manejar todos los componentes que puedan afectar el resultado de las acciones. Entrenarse para intentar preverlo todo es una batalla perdida desde el incio. Es generar un stress insuperable e imposible de re-conducir hacia la competencia.  La concentración y preparación de un deportista ante una final, sin duda debe pasar por asumir cuanto antes que este tipo de factores imprevisibles son una realidad y que lejos de intentar controlarlos o anticiparlos, siempre hay que buscar asumirlos e intentar obtener el mayor beneficio posible de cada uno.  El entrenamiento debe pasar siempre por no dejarse vencer por todo aquello que no se controla, y por mantener siempre la concentración sobre todo aquello que si están en manos del jugador modificar. Esta capacidad es lo único que permitirá adaptar el juego ante los imprevistos que se puedan sufrir, y sin duda el equipo/deportista que mejor los domine es quien obtendrá la única ventaja con la que definir una final.

Por todo esto, un simple frase como “Una final no se juega, una final se gana o se pierde”  se convierte en una gran verdad ya que sirve para condensar todos los factores y necesidades que suponen para un deportista afrontar su ultima prueba de fuego, su ultima oportunidad de demostrar su preparación y condiciones físicas, su ultima chance de demostrar su temple y buen juicio ante situaciones imposibles de anticipar. Una final no se juega por que no hay mas chances que esta, no se juega por que mas allá de esto no hay nada más que jugar, no hay segundas chances que disputar, no hay mas partidos de grupo, clasificatorios, etc….  Una final, es la más bonita de las simplezas. Solo se gana o se pierde, no tiene mas colores. Solo blanco o negro, no hay grises balsámicos, no hay claroscuros donde refugiarse y contener el sufrimiento.  Todo eso ya quedo atrás en las fases previas.  En una final solo existe  la cruel  dualidad del que gana o el que pierde, del que triunfa o fracasa, del que perdura o el que se olvida, de la leyenda o de la tragedia.  Quien antes lo asuma, antes estará condiciones de disfrutarla y disputarla a su más pleno rendimiento competitivo.

UNA FINAL NO SE JUEGA, UNA FINAL SE GANA…. 

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.


Vamos Argentina!